Otro espejo roto.

Iniciando un nuevo día, asomándose el Sol lo vi. Que las cosas estaban cambiando. Que ya no podía serme infiel a mí misma, que debía seguir mi camino. 

Comencé a trazar objetivos, a planear mi disciplina con el corazón inundado de anhelos.

Fue al final del día cuando escuché tu voz, y vi que tu amor no era mi consuelo, ni tu cuerpo mi alivio, que el dolor me golpeó como una lanza en el pecho. 

Que era hermoso poder verte, que fueras parte de mi historia, pero ahora había alguien más pidiendo mi tiempo y mi dedicación: Mi propia estrella.

Y tu voz se traslapaba sobre la de mis sueños, y tu abrazo no era más grande que el que me ofrecía la promesa de otro tipo de consciencia. 

Todo estaba en una paz que me inquietaba, pues mis reacciones no me poseían ni mi deseo por ti me doblegaba.

¿Qué sentirías tú con eso? Pensé.

Me rompo en pedazos, que ya nada va a volver a ser como alguna vez pudo ser.

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