La Ciudad en las Nubes.

La Ciudad en las Nubes. 

Era una tarde nublada. La luz pálida y fría de un sol escondido iluminaba las aceras y las viviendas, diluyendo un poco los colores, que en su conferida sobriedad me hacían sentir como si el fraccionamiento estuviera distraído, o dormitando. Era un lugar sencillo, en donde el cuidado que sus habitantes le otorgaban no era la norma. Pocas eran las casa cuya fachada diera la bienvenida. En la mayoría de estas el paso de los años se había reflejado. La falta de mantenimiento era evidente, y las huellas de óxido escurridas sobre la pintura, provenientes de las varillas que sobresalían de los techos eran algo que se podía observar repetidamente. 

Mis pies, calzados con botas toscas recorrían las aceras con aire distraído, combinando con la luz blanquecina que alumbraba quedamente el día. Había un tema que me había estado rondando la cabeza en las últimas semanas, desde que me había alejado del mundo que conocía en ese reino lejano y empolvado. 

Aunque ese sitio, que en esos días se había vuelto tan habitual para mí se sentía empolvado y lejano, en la vida era todo lo contrario. Si mi vida hubiera sido un mueble viejo sin sacudir, este año había sido una señora de la limpieza ansiosamente furiosa, que había arremetido con un sádicamente entusiasta, vigoroso y frenético sacudidor contra mi superficie. Este año muchas cosas habían sido devueltas a la vida y habían resucitado, renacido y florecido, mientras que otras fueron bruscamente arrebatadas, rotas y arrancadas.

Como si en una ventana de tarde salvajemente tormentosa se hubiera condensado el rocío, y al salir el sol, la imagen borrosa se hubiera aclarado, pero también en ella hubieran quedado las huellas imborrables de un granizo punzocortante.

Como si se hubieran dibujado bocetos maltrechos y mal estudiados con bastante fuerza, y de repente el dibujante lo hubiera borroneado todo y hubiera captado cuál era la idea, rehaciéndolo todo, recuperando trozos del pasado y direccionándolos en una nueva figura, que más o menos se veía venir pero igualmente nadie podría haberse imaginado que resultaría de este modo, pero las imágenes pasadas estuvieran inevitablemente marcadas en el papel. 

Cicatrices que nos recuerdan en dónde estuvimos y cómo llegamos a ser lo que somos.

La que más me gusta es la del caleidoscopio. Como si un caleidoscopio hubiera hecho visible una imagen bella, inquietante y reveladora, pero dando mil y un vueltas en sus mismas piezas, esa imagen hubiera desaparecido en diversas formas confusas, perturbadoras y disonantes, hasta llegar, milagrosamente, a la imagen primera, donde además de su belleza original, otorgara mucho más sentido. 

Hasta que viajé a este reino extraño.

Llamaré al fraccionamiento La Ciudad en las Nubes. Aquí vive el Rey Helado, pero no es el de Hora de Aventura. Capitán Sombras podría ser otro de sus nombres. Un personaje en el que se sintetizan  Pinocho, Casanova, el príncipe azul, Hulk, Thanos, un general muy serio y otras celebridades, aunque ahorita sólo me acuerdo de esas. 

Aquí yo soy la princesa encerrada dentro de los límites de la Ciudad de las Nubes. El rey es generoso, pero siempre hace mucho frío. No hablamos mucho, aunque cuando hablamos es amable. Había enfermado, así que tuve que venir a cuidar de él. 

El rey manda mensajes a su amada, a quien acaba de conocer... Quiere casarse con ella lo más pronto posible, y no sé si debiera decirle algo, pero mi opinión nunca fue había sido bien recibida antes, así que ahora, cada vez que opino, lo hago con cuidado. 

Antes de ser el Rey Helado en la Ciudad en las Nubes, el Capitán Sombras había vivido con la Reina del Torbellino en el Portal del Poniente, y allí yo era la Princesa del Poniente. Ése es mi lugar favorito. En el Portal del Poniente los atardeceres son eternos, las cosechas son abundantes, el aire es gélido y mágico, los espíritus hablan, los sueños son envolventes, la música es más hermosa, se piensa, se siente,  se respira y duerme mejor. Pero de alguna forma, dentro de su palacio, ellos dos se las habían arreglado para que todo fuera un caos. Allí, las opiniones no eran bienvenidas. Mantenerse al margen era la mejor idea. Pero esa es otra historia. 

La Ciudad en las Nubes no es un lugar al que me termine de acostumbrar, es un lugar de incertidumbre, y no se siente como un hogar, no es un lugar donde me pueda acomodar, o donde pueda hallarme, donde pueda reconocerme. Pero este año se ha caracterizado por sacudirme. Habrá que ver si hay algo que pueda encontrar entre la bruma. 

Ahorita el Capitán Sombras está en su lecho, yo lo acompaño y lo ayudo, y de su habitación salen volando más palomas mensajeras de las que él ha dicho enviar, y más o menos intuyo de qué va la cosa, pero prefiero no preguntar. Al Capitán Sombras siempre le ha gustado mantener su vida personal en las sombras. Nadie sabe nada de él, aunque puede ser amable y generoso si te llevas bien con él y haces méritos para ganar su aprecio. Es exigente, nervioso, ausente y al mismo tiempo cariñoso. 

Una caricia de viento helado. 


Karen Rouge

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