SÁBANA BLANCA

 Hoy enmudezco y sólo miro la sábana blanca manchada. 

La veo sucia... Tiesa, entre gris y amarillenta, con manchas marrones y rojizas, hedionda.

 Sobre el suelo de azulejos que antes fueren amarillos, ahora de un ocre brillante y roto que parece un caramelo quebrado, cuyo olor lo que menos indica es dulzura... 

Solitaria, arrinconada,  iluminada indirectamente por la luz insoportablemente calurosa del mediodía, cuyo sol nunca la toca, cuyo calor la mantiene en su pútrida tibieza poblada por parásitos. 

Allí está y parece hablarme sin palabras, en susurros y gemidos que se clavan en mi cabeza, sin que mis oídos puedan escucharlos.


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